¿Comprar sostenible es barato? Si hay algo que me gusta es observar, en silencio, sin intervenir ni juzgar, será por eso que me hice científica… Estos días atrás que he tenido la oportunidad de «salir de mi burbuja» dónde se encuentran mis colegas de profesión y personas que me rodean. Entonces me doy cuenta, que siguen prevaleciendo frases como: «es que comprar ecológico es muy caro» o «yo quiero ser verde pero no tengo dinero».

No hace tantos años, hará unos 20 o así como mucho, creo que los consejos más repetidos en el mundo de «las compras» eran «cómpratelo bueno que te dura más» y «lo barato, al final sale caro».

¿Dónde ha cambiado este modelo económico y de compra? Antes no era tan fácil encontrarte ropa a precios irrisorios o pensar que te apetece tal producto, entrar en internet y que te llegue en 24h desde casi cualquier lugar del mundo. ¿Os habéis dado cuenta de a lo que nos estamos acostumbrando? Es más, esta inmediatez empieza a ser una exigencia y un motivo de elección de a quién compramos y a quién no.

artesania

Estamos en el momento del aquí y el ahora y no solo eso, sino también de lo más barato, lo uso y lo tiro. Estos valores de compra se trasladan directamente a nuestra forma de ser y a nuestros comportamientos como sociedad. No nos cuesta nada conseguir lo que «deseamos», sobre todo no nos cuesta tiempo.

Antiguamente, todos estábamos más unidos a la realidad. Éramos más conscientes del ciclo de vida de los productos. ¿Esto qué significa? Por ejemplo, quién más y quién menos, sabía que para hacer unos zapatos «buenos»  hacía falta cuero y sabías de donde venía y podías imaginarte su tratamiento previo antes de ser zapato y el material de su suela. El zapatero cogía su molde de madera para hacer la horma y llevaba su tiempo, esfuerzo, sabiduría y profesionalidad.

Eso sí, ¿Qué precio tenía ese zapato? Pues la suma de los materiales, el tiempo de fabricación y la parte proporcional al conocimiento y experiencia de ese zapatero. ¿Cuánto te duraba este zapato? Pues seguramente hasta que te quedase pequeño, te cansases o a saber. Además, tener estos zapatos te hacían un poco más responsable. Había que limpiarlos, cambiarle las suelas o tapas cada temporada, renovar las plantillas si era necesario. ¿Te suena todo esto? Estoy segura que como este símil con los zapatos podríamos hacerlo con la ropa, aparatos electrónicos, comida, etc.

Ahora te hago unas preguntas: ¿Quién hay detrás de los zapatos que llevas puestos ahora?

Con suerte, eres una persona de las poquitas que hay que se preocupa por sus compras y sigues conservando estos valores pero, lo más seguro es que no lo sepas. Que no sepas si están hechos de piel, piel sintética, loneta o plástico. Si es plástico ¿alguna vez te has preguntado de dónde sale? ¿Se extrae de algún lugar? Porque ya te digo que ni se cultiva, ni sale de una mina, ni es de origen natural.

Sigo haciéndote preguntas ¿Quién los ha fabricado? ¿Una máquina? Pero, ¿Al completo? ¿Están tus zapatos limpios de haber pasado por trabajadores en condiciones esclavas? o peor aún… ¿Personas esclavas de menos de un metro? y si es así ¿Crees que estas personas trabajan a menos de 1000km de dónde tu vives?

Con esto sólo quiero haceros pensar, no soy quién para juzgar a nadie, pero es importante que al menos seamos conscientes de nuestros actos, independientemente de porque los hagamos.

¿Sabes por qué un zapato cuesta 90€ y otro 5€? ¿Alguna diferencia habrá no? Se positivamente que hay MUCHA gente que no puede permitirse un zapato de 90€, no os creáis que yo sí. No obstante, igual 90€ no, pero ¿40€? ¡También los hay eh! ¿Estamos dispuestos a cuidar y valorar lo que compramos? ¿Apoyar los productos de cercanía y artesanos? ¿Preferimos usar y tirar sin pensar?

Me dejo ya de tanta pregunta. El ejemplo de los zapatos sólo era por hacerlo más sencillo y visual. Muchos de los productos que ofrecemos en Sin Huella son más caros que los que podéis encontrar en otras tiendas online por internet o incluso físicas. Pero tenéis que pensar en porqué.

Es cierto que muchos de nuestros productos también vienen de lejos, como los cubiertos de bambú. Pero son de comercio justo, apoyan alguna labor social o es simplemente es porque la materia prima y su producción es originaría de ese lugar. También ofrecemos productos de calidad que son más caros que otros que cumplen la misma función pero con calidades diferentes. Puede ser el caso de las botellas de agua de acero inoxidable. Actualmente, en el mercado hay muchas botellas rellenables para agua, té, café o lo que te apetezca llevar. Pero ofrecer una fabricación justa, con materiales inertes, no tóxicos y lo más importante de todo, duraderos, tiene un precio.

Cómo idea final, todo esto del dinero está muy bien. Pero como os cité anteriormente, ¿Qué ocurre con el tiempo? El que hay que invertir en extraer, fabricar, utilizar, cuidar y desechar lo que has escogido comprar.

¿Qué hay de su historia? ¿Y qué hay de tu tiempo? ¿Cuánto tiempo pierdes en centros comerciales, renovando ropa y otros artículos cada temporada? ¿Qué valor tienen para ti las cosas que adquieres? ¿Cuánto tardas en elegirlo?

Y para terminar, ¿Piensas que podremos seguir así por mucho tiempo? ¿Merece la pena gastarnos un poco más en salud y sostenibilidad ahora, en vez de terminar de destruir lo que no podremos pagar?

Acabo con esta frase anónima que me encanta y os espero en los comentarios y redes como siempre.

 

«Sólo hasta que se haya talado el último árbol, contaminado el último mar y muerto el último pez, el hombre entenderá que el dinero no se puede comer.»

Anónimo

 

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